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CLOSE, el camino hacia la propia masculinidad

Actualizado: 10 feb

La #masculinidad se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que se espera que el hombre adopte en una sociedad determinada. Si bien se trata de una construcción social y hoy en día se cuestiona cada vez más la idea de un "hombre universal", el machismo ha calado tan hondo en nuestras costumbres y valores que identificar qué comportamientos contribuyen a este concepto de masculinidad tóxica no es una tarea sencilla.


Close viene a mostrar precisamente eso. Es un drama y coming-of-age del año 2022, dirigido por el cineasta belga Lukas Dhont, con las actuaciones magistrales de Eden Dambrine y Gustav De Waele. La película sigue a Léo y Rémi, dos amigos entrañables e inseparables, cuyo vínculo parece libre de prejuicios y estereotipos.



Léo y Rémi, de 13 años, son amigos de toda la vida, hasta que un suceso impensable los separa.
Léo y Rémi, de 13 años, son amigos de toda la vida, hasta que un suceso impensable los separa.

La dirección, la fotografía, el sonido y el guion son increíbles, pero lo más destacable, en mi opinión, es cuánto se dice con tan pocas palabras. La #película nos recuerda la importancia de aceptar que, como espectadores, no siempre necesitamos respuestas para todas las preguntas que quedan inconclusas, porque, al fin y al cabo, no afectan la belleza del mensaje y dan lugar a la reflexión.


Léo y Rémi son dos amigos de doce años que están disfrutando de sus últimas vacaciones de verano antes de comenzar la secundaria. Juegan a los guerreros, imaginan mundos fantásticos en el bosque, corren carreras y hacen pijamadas en las que duermen juntos. Es una #amistad idílica, propia de la edad, donde la fantasía todavía es un refugio permitido y los "deber ser" de la sociedad aún no pesan tanto.


Pero todo cambia el primer día de clases, cuando ambos se enfrentan a un nuevo entorno, rodeados de compañeros que están comenzando a construir su identidad y a entender quiénes son y cómo se relacionan con los demás. Con la falta de filtro propia de la edad —y a veces con cierta malicia intencionada—, sus compañeros empiezan a cuestionar y burlarse de su vínculo, insinuando que son homosexuales y que una relación tan cercana entre varones no es "normal".


Esto marca un antes y un después en su amistad: Léo, por miedo a que los demás interpreten su relación con Rémi como algo más que fraternal, empieza a distanciarse y a adoptar actitudes asociadas con "ser un hombre". Se inscribe en un deporte considerado masculino, deja de compartir la cama con su amigo y, por primera vez, terminan peleando físicamente, quizás en un intento de reafirmar su masculinidad. Mientras tanto, Rémi, aunque es consciente de los rumores sobre su sexualidad, elige mantenerse fiel a sí mismo y no dejarse llevar por el qué dirán. Sin embargo, pronto comienza a sentirse abandonado y salen a flote conflictos internos que complejizan a este personaje y te permiten comprender, sin dar mucho detalle, el poder de la amistad y la sanación a través de los vínculos positivos.


Lo maravilloso de esta película, con un giro inesperado que te deja llorando durante los últimos 40 minutos, es la manera en que aborda temáticas tan profundas como la búsqueda y aceptación de la #identidad, la culpa y el duelo, y la importancia de la contención familiar, especialmente en una etapa tan crítica como la #adolescencia. Te terminás cuestionando cuántas miradas puede resistir una amistad, por qué el contacto físico —más allá de unas palmaditas— es un no rotundo para el hombre adulto, por qué seguimos creyendo que hay una única forma de ser hombre y cómo se hace para crecer habiendo experimentado tanto dolor como niño...


En mi opinión, esto contrasta con la forma en que las amistades femeninas son aceptadas en nuestra sociedad, donde el contacto físico y la expresión emocional no están sujetas a las mismas restricciones. Como mujer, y con todo lo que eso implica en esta sociedad machista y patriarcal, creo que somos mucho más libres de espíritu. Se nos ha hecho poseedoras natas del sentir, de la maternidad, de los besos y abrazos, y de amar con todo el corazón. Eso nos permite vivir nuestros vínculos desde lo emocional, siendo tan físicas y sensibles como queramos. No me imagino un mundo en el que tomar de la mano a una amiga o compartir una cama implique ser etiquetada como lesbiana. La amistad entre mujeres es, sí o sí, íntima y a corazón abierto, y nadie cuestiona eso.


La película no busca justificar nada ni definir si Léo o Rémi son en realidad homosexuales, ni explicar por qué se da ese giro de 180 grados, inesperado, que nos golpea justo en el corazón como espectadores. Pero sí retrata, de una manera casi poética, el impacto de la mirada ajena, el suplicio de la falta de salud mental y lo liberador de crecer aceptando la propia identidad.


Ser adolescente no es fácil, y menos en una sociedad liderada por masculinidades frágiles.

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