Antes de descubrir que María Elena Walsh fue mucho más que la mayor exponente de la música infantil en Argentina —y una artista reconocida en el mundo entero—, había algo en ella, quizá en su mirada, que me generaba admiración. Intuía que, de haberla conocido, habría hecho todo lo posible por ganarme su respeto. Como a una abuela que imaginamos siempre vieja e infinitamente sabia. El primer libro que leí sola, esas páginas que me enseñaron a unir letras y darles significado,