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El juguete rabioso de Roberto Arlt

Actualizado: 6 feb 2024

¿Qué pienso de "El juguete rabioso" de Roberto Arlt? Sinceramente, no puedo decir que esta novela me voló la cabeza. Sin embargo, la leí en solo unas pocas horas y si hay algo que, con mi ignorancia -y sin negar el renombre del autor-, puedo reconocer es que es compleja, cruda y real.

Dividida en cuatro partes, Silvio Astier, su protagonista, te lleva a recorrer distintos momentos de su vida, la vida de un joven marginado en la ciudad de Buenos Aires. Se publicó en 1926 y, lamentablemente, casi cien años más tarde sigue siendo espejo de una realidad social.

Me parece interesante destacar que Roberto Arlt pertenecía al Grupo literario de Boedo, que se caracterizaban por una escritura con afán pedagógico. Sus autores, de ideales izquierdistas, escribían con el fin de hacer visible la realidad de los barrios marginales del país y rezagados del sistema. Es por eso, que las temáticas de estos autores giran en torno a los asuntos sociales, políticos y de la clase obrera.

Silvio es un personaje complejo. El lector puede meterse en su cerebro y vivir la historia a través de su mirada. Durante casi toda la obra Silvio es solo un niño, aunque su dura realidad le roba la posibilidad de serlo.

Es curiosa la construcción de este personaje; pareciera que Arlt a través de él critica con ironía a una sociedad que le exige a los marginados "escalar" a través de su propio mérito, cuando Silvio bien sabe que es un sistema que expulsa, sin importar cuán instruida este tu mente o cuán duro trabajes, tu destino está marcado por tu cuna. La mente de Silvio es demasiado brillante para los límites de su mundo, y por momentos eso la hace atractivamente perturbadora.

Todo el entorno del protagonista, su familia, amigos, patrones, su mismo barrio, terminan formando a un joven marcado por la hostilidad, el resentimiento y la marginación. Un joven que desprecia la vida, la vida que a él le tocó vivir. No desea más que morir siendo recordado, pero se resigna a entender que ese no es su destino (porque nada tiene para cultivar su esperanza). “No me importa no tener traje, ni plata, ni nada"; y casi con vergüenza me confesé: "Lo que yo quiero, es ser admirado de los demás, elogiado de los demás. ¡Qué me importa ser un perdulario! Eso no me importa... Pero esta vida mediocre... Ser olvidado cuando muera, esto sí que es horrible. ¡Ah, si mis inventos dieran resultado! Sin embargo, algún día me moriré, y los trenes seguirán caminando, y la gente irá al teatro como siempre, y yo estaré muerto, bien muerto... muerto para toda la vida."

Guiado por la convicción de que él es el ser más noble que ha conocido, Silvio roba, estafa, sueña, se ilusiona y se desilusiona, estudia, trabaja, traiciona, intenta suicidarse, y en casi todo, si no es todo, falla. Es un libro triste porque describe una vida triste, donde ni en los pequeños momentos de esperanza del protagonista parece haber lugar para la alegría. Es así, cuando al final de la novela -después de traicionar a El Rengo que lo había incitado a acompañarlo a robar la caja fuerte de un Ingeniero cuando este saliera y así luego podrían dividirse el botín- se ve a Silvio y al Ingeniero conversando sobre porqué el primero había decidido mandar al frente a su amigo, y se puede sentir, con claridad, la dualidad social que existe entre estos dos hombres, y como Silvio, a pesar de no tener educación propiamente dicha o un trabajo estable como sí lo tiene el Ingeniero, responde a las afirmaciones del otro, al cual la sociedad sí considera "culto", de una forma que muestra la seguridad que él mismo posee respecto a su superioridad intelectual, y que nada tuvo que ver con su origen aunque este sea su mayor cadena. Esta escena final es una clara imagen del resentimiento social y como la imposibilidad de ingresar al sistema pueden destruir la psiquis de una persona; Silvio es simplemente un hombre más, uno muy inteligente y con hambre de "ser", cuyo origen marcó los espacios que le tocaron habitar. Es tan inteligente que termina el diálogo con el Ingeniero de la forma más irónicamente amistosa, porque de toda la conversación lo único que el Ingeniero pudo deducir es que Silvio, a fin de cuentas, es ético, alegre y se las ingenia para tener una vida hermosa. Palabras de Silvio: "Y saber que la vida es linda me alegra, parece que todo se llenara de flores ... dan ganas de arrodillarse y darle gracias a Dios, por habernos hecho nacer." ... ¡Es ironía Ingeniero! Pero para qué gastarse en explicarle a alguien que ya lo tiene todo que, en realidad, no entendió nada.



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