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JARDÍN DE INVIERNO de Kristin Hannah

Hace unos años había leído "El Ruiseñor" por la misma autora y todavía recuerdo esa sensación incomparable y poco habitual de no poder soltar un libro. "Jardín de Invierno" no sólo no fue la excepción, sino que lo superó. Tanto el primero como el segundo nombrados pertenecen a lo que llamo libros "de guerra". Desde chica reconocí en mí un claro interés por la Historia, por lo que este tipo de libros siempre fueron una excusa "para aprender sin darme cuenta": son de simple lectura, no dicen nada entrelíneas, te ubican en un lugar y tiempo determinados, y te permiten sentir en primera persona los horrores de la guerra y la insensibilidad más sorprendente a la que puede llegar el ser humano. 


Durante la Segunda Guerra Mundial, Leningrado (actual San Petersburgo) fue sitiada por las fuerzas armadas de la Alemania nazi desde mitades de 1941 hasta principios de1944.​ Por orden de Adolf Hitler, la ciudad era constantemente bombardeada y sistemáticamente privada de sus suministros. El sitio de Leningrado buscó inicialmente apoderarse de la ciudad de Leningrado. Sin embargo, ante la imposibilidad de tomar la ciudad rápidamente, los alemanes y sus aliados finlandeses optaron por bloquear la ciudad y dejar morir de hambre a la población civil y a la guarnición de la ciudad. Los soviéticos construyeron una intrincada defensa alrededor de la ciudad y camuflaron edificaciones históricas con redes que impedían determinar su perfil. El bloqueo se convirtió en uno de los asedios más largos y destructivos de la historia, y fue posiblemente el asedio más costoso de la historia debido a la cantidad de bajas que se sufrieron durante el mismo. En el siglo XXI, algunos historiadores lo han clasificado como un genocidio debido al hambre sistemática y la destrucción intencional de la población civil de la ciudad. Miles de familias murieron de frío y hambre en sus hogares. La falta de alimentos llevó a la población a alimentarse de palomas, gatos y ratas; también hubo actos de antropofagia y compraventa de cadáveres. ​


Pero este no es el contexto en el que comienza esta historia: en alguna granja familiar de los Estados Unidos hay dos hermanas, Meredith y Nina, las cuales se ven obligadas a construir de una vez por todas una relación con su distante y fría madre, Anya, tras la muerte de su padre, siendo este el último deseo del difunto. Él, a diferencia de ellas, sabía que el muro que su esposa había construido en vida no era más que un escudo que la separaba de su pasado en Rusia, el cual el lector descubrirá con el paso de la historia, que no es más que un castigo que ella misma se impuso tras tener que actuar frente a los horrores de la guerra para sobrevivir; imágenes que pasaron a ser una carga en sus hombros por el resto de su vida. Ahora, con más de ochenta años, Anya se ve obligada a terminar la historia que siempre comenzaba a contarle a sus hijas por las noches, pero jamás lograba concluir. A oscuras y tras contemplar por largas horas su jardín de invierno, "Jardín de Invierno" se trata de la fascinante y dolorosa historia de Anya.


Lo extraordinario de este libro no es sólo su trama sino la construcción de sus personajes, con los que el lector logra empatizar y sentirse identificado en algún aspecto. Tres mujeres lo protagonizan: mientras Meredith, la hermana mayor, ocupa el rol de la hija que de todo se ocupa menos de ella misma, Nina, por otro lado, es una fotógrafa en busca de su verdad, que escapa de aquello que la hace sentir vulnerable y consecuentemente incómoda. Ambas coinciden en lo profundamente afectadas que quedaron por una infancia sin el amor explícito de una madre y la necesidad constante de buscar su aprobación. Todo lo que tienen de ella es el comienzo de un cuento para niños, y resultará que será el final del mismo lo que hará que sanen.  


De una manera muy sutil, Kristin Hannah juega con el pasado y el presente, permitiéndole al lector sufrir todo lo que Anya sufre durante el sitio de Leningrado. De pasar de vivir con sus padres y su hermana Olga, su vida da un giro drástico cuando "se llevan" a la fuerza a su padre, un poeta, y se ven obligadas las tres mujeres a mudarse con su abuela materna y así evitar correr la misma suerte que él. A partir de ahí, la enamoradiza Verónica - ese es su nombre verdadero, no Anya - comienza a trabajar en una biblioteca de la ciudad hasta conocer al que sería el primer amor de su vida (no el padre de Meredith y Nina). Esta historia de amor se ve sacudida por el sitio de Leningrado, teniendo ella que hacerse cargo de su familia y lo que esto implicaba en tiempos donde la comida escaseaba y el invierno más crudo golpeaba a la ciudad.


A pesar de no ser una historia basada en hechos reales, podría fácilmente serlo. La entereza de Anya y la fuerza de su mente, la convierten en un testimonio en primera persona de un hito de la Historia que cambió el rumbo de la humanidad. Durante todo el libro, Kristin Hannah hace del cuento de chicos un manual de historia, de ética y de moral: cómo se comportaría una madre, hija, hermana, esposa, -una mujer-, frente a la situación más extrema y menos deseable para nuestra raza. Una situación de hambre famélico, frío que congela hasta los huesos y, sobre todo, donde la miseria humana no tarda en pasar el presente. Anya podría ser fácilmente una más de todas aquellas que vivieron el horror de la Segunda Guerra Mundial. 




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