Hiroshima, la ciudad conocida por la guerra y que apuesta a la Paz
- Valentina Montalvo

- 24 ago 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 4 feb 2024
Una información importante antes de comenzar el relato sobre mi experiencia en la ciudad de Hiroshima, es lo útil que me resultó durante mi viaje por Japón haber comprado el Japan Rail Pass (dejo el enlace de la página donde yo lo compré).
Todos aquellos que cumplan una cierta serie de requisitos, mayoritariamente alrededor de la idea que no debes ser japonés o al menos no tener ciudadanía o pasaporte del país, podrán acceder a esta increíble oportunidad de recorrer todo Japón con un precio razonablemente accesible -comparándolo con el gasto total que implicaría micros de larga distancia, uso del transporte público, etc.
Este ticket que debes comprar antes de viajar (recomiendo que con la mayor anticipación posible para evitar inconvenientes con la fecha de entrega) te posibilitará, como dije antes, el uso de las líneas de tren, metro, subte, micros e incluso el ferry a la isla de Miyajima, que estén cubiertas por el “Japan railway Group”, en el período de tiempo que seleccionaste para su utilización. Es importante saber que una vez que llegas a Japón, deberás activar este ticket en una de las oficinas dedicadas a esto (en el mismo Aeropuerto Internacional de Narita puede activarse).
Ahora sí, desde la estación de Tokio, prefectura de Tokio, mi amiga y yo viajamos por la línea Tokaido shinkansen, en uno de los trenes bala que mencioné antes. Llegamos a la la Estación de Kioto, en la ciudad de Kioto (de la que hablaré luego), prefectura del mismo nombre, donde tuvimos que cambiar de línea a la llamada Sanyo shinkansen, para ahora sí dirigirnos a nuestro destino final: la ciudad de Hiroshima, prefectura de Hiroshima.
Como conté en otras entradas, me gusta mucho la historia y sobre todo la del siglo XX, por lo que tengo que admitir que me emocionaba mucho conocer esta emblemática ciudad a nivel mundial, debido a sus museos y monumentos dedicados a la trágica caída de la bomba nuclear ese 6 de agosto de 1945.
La ciudad de Hiroshima es la capital de la prefectura de Hiroshima, en la región de Chūgoku, al suroeste de Japón. Geográficamente es mágica: localizada sobre el delta del río Ota, que tiene siete brazos que dividen la ciudad en seis islas que se proyectan hacia la bahía de Hiroshima, caminarás constantemente entre puentes y callecitas con vista a este hermoso río.
Como mencioné, Hiroshima fue escenario del primer bombardeo atómico de la historia, que dio fin a la Segunda Guerra Mundial, por parte de la armada estadounidense.
Lo más impactante de visitar este lugar, en mi experiencia, fue la energía que se siente en el ambiente. No sabría muy bien cómo describirla, pero se siente densa, como un nudo en el pecho, energía distinta a la que sentí en cualquier otra parte del mundo. Posiblemente tuvo más que ver con mi propia percepción que con algo del lugar, pero energéticamente pude sentir un ambiente donde podía percibirse un pueblo que hace no mucho había sido víctima de una atrocidad que marcó su historia e identidad para siempre, y lo hizo conocido en el mundo entero. Aún hay testigos caminando por esas calles que probablemente antes de cerrar sus ojos e irse a dormir, deben recordar ese 6 de agosto y entregarse a las pesadillas. Quizá sea ese el motivo por el cual uno no puede permitirse sentir paz mientras camina en Hiroshima.
Llegamos a la Estación de Hiroshima, y entre valijas y bolsos sabíamos que no podríamos caminar hasta nuestro hotel, que estratégicamente quedaba frente al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, por lo que tuvimos que ir a la Oficina de Turismo de la estación y preguntamos qué medio de transporte nos dejaría cerca de la zona a donde íbamos y si podíamos utilizar el JR Pass. Tuvimos respuestas afirmativas a todo.
Caminando por el amplio “Peace Boulevard”, bordeado por el río Motoyasu y rodeado de una arboleda fresca que le da color a la ciudad, está el conocido Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, que es casa de los monumentos y museos que recuerdan no solo el día de la caída de la bomba atómica, sino también cómo eran los días antes y después del suceso, y cómo esto pudo modificar a una sociedad completa.
Como todo el resto del país, la ciudad de Hiroshima es impecable, pulcra y tiene espacios verdes que la embellecen. Al pasar por la puerta del lugar es imposible no detenerse a admirar la belleza del edificio y los jardines que lo rodean.
Recuerdo muy claramente cómo remarcaban en el Museo Memorial de la Paz que lo que se quiere transmitir no es la victimización del pueblo japonés, sino el horror de lo que significó la guerra y la importancia de la paz mundial. Jamás había estado en un museo que invitase a recorrerlo como me sucedió allí.
Ni bien uno entra te recibe un mural de una Hiroshima feliz, niños en una escuela y una ciudad aún de pie. La próxima imágen es de un contraste que produce escalofríos: una ciudad devastada y totalmente desolada.


El museo está increíblemente bien pensando y se puede acceder a documentos únicos de la planificación de la bomba, el análisis bélico anterior a su lanzamiento, etc., sumado a la tecnología que brinda, propia de este país del primer mundo, para que el recorrido sea llevadero y dinámico. Lleva tres horas aproximadamente si uno se detiene a leer toda la información, ver los videos y objetos donados que "sobrevivieron" a la explosión.
La primera sala del museo se asemeja a un cine donde se pueden ver testimonios de sobrevivientes. Mi amiga y yo nos emocionamos hasta las lágrimas escuchando las historias. Es de una proximidad histórica tal, que el hecho de escuchar testimonios y saber que en la calle aún hay víctimas de aquel horror genera una sensación de angustia y deja pensando.
Si vas a Japón vale la pena conocer Hiroshima. Se aprende mucho más de lo que sucedió aquel 6 de agosto: se conoce y entiende a una potencia y cultura pujante que se levanta a pesar de todo.
Una imagen grabada en mi mente para siempre: un día después de la caída de la bomba, mujeres y profesores levantan una escuela entre las ruinas. Siempre disciplinados, apostando al trabajo duro y a la educación.
Invita, además, a ver los sucesos de una manera particular, porque a pesar de hablar de los crímenes de la famosa guerra, deja un mensaje que alienta por la paz.


Salimos del museo, mudas, pensativas, agradecidas y totalmente conmovidas por la experiencia que había arrasado con nuestras sensaciones minutos atrás, y recorrimos casi en silencio los demás monumentos: el famoso Memorial de la Paz de Hiroshima -Cúpula Genbaku-, el monumento a las maestras y niños víctimas de la bomba atómica, la conocida Llama de la Paz, el monumento de los niños por la Paz, el de los alumnos por la Paz, entre muchísimos otros.
Con todas esas emociones seguimos caminando, y como la ciudad es pequeña, cruzando el puente Motoyasu, llegamos rápidamente a un gran espacio verde que unifica los conocidos “Hannover Garden”, “Central Park”, entre otros, todos maravillosamente cuidados y con una variedad de plantas y árboles preciosa, rodeados de edificios de la ciudad e incluso con puntos de interés dentro de los mismos como el Hiroshima Green Arena, el Museo de Arte de Hiroshima, la Biblioteca Central de Hiroshima, entre otros.
Rápidamente se llega al emblemático e imponente Castillo de Hiroshima, construido originalmente en 1590 y luego destruido por el bombardeo atómico en 1945. Fue reconstruido en 1958 y sirve como museo de la historia de Hiroshima antes de la Segunda Guerra Mundial. Lo impresionante de este lugar, es que queda en medio de dos brazos del río que corre a la ciudad y, a su vez, tiene sus fortalezas de piedra que dan a unos canales artificiales que rodean a toda la estructura, por lo que para llegar al mismo debes pasar por un puente y cruzar sus bellos jardines hasta la gran puerta de madera que intimida pero te invita a recorrerlo.

Sin embargo, Hiroshima no es solo historia. A aquellos que les guste la vida de ciudad, encontrarán en este lugar una variedad enorme de opciones.
Les deseo que conozcan la ciudad de Hiroshima.








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