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Éire, la isla esmeralda

Actualizado: 30 mar

La República de Irlanda​ es uno de los veintisiete estados soberanos que conforman la Unión Europea. Su capital es Dublín, situada en el este de la isla. El país tiene una única frontera terrestre con Irlanda del Norte, una de las naciones constitutivas del Reino Unido. La isla está rodeada por el océano Atlántico y tiene el mar Céltico al sur, el canal de San Jorge al sureste y el mar de Irlanda al este.

El moderno Estado irlandés alcanzó su independencia efectiva del Reino Unido en 1922, tras una guerra que finalizó con la firma del “Tratado anglo-irlandés” (lo que inició el conocido “Conflicto de Irlanda del Norte”, porque este optó por seguir siendo parte del Reino Unido y, hasta el día de hoy, perdura la discusión). Cabe aclarar que no fue hasta 1937 que la República de Irlanda logró adoptar una nueva constitución y el nombre que lleva hoy en día.

La República de Irlanda consta de veintiséis condados, que podrían pensarse como municipios, que a su vez forman provincias. Su división geográfica se ve así:


División de provincias de la República de Irlanda (la de Ulster está dividida en dos colores y la más oscura corresponde a este país)
División de provincias de la República de Irlanda (la de Ulster está dividida en dos colores y la más oscura corresponde a este país)
División de las provincias en condados
División de las provincias en condados

Tuve la suerte de conocer Irlanda en verano, por lo que la fama de lluvias constantes que tiene la isla no le hizo tanta justicia durante mi estadía. Viajando desde el Aeropuerto Internacional de Londres, Heathrow, al Aeropuerto de Dublín, tuve una maravillosa vista de la isla que, con sus acantilados, prados de miles de tonos verdes y penínsulas, me enamoró desde el cielo. Me hospedé en Artane, un suburbio al norte de la ciudad de Dublín, en el condado homónimo: pintoresco y muy tranquilo. Como el objetivo de mi viaje era estudiar inglés, la ubicación quizá no sea la ideal para turistas que buscan la variedad de atracciones y la vida que la ciudad de Dublín ofrece las veinticuatro horas del día. Dublín es la ciudad más poblada de la isla. Está ubicada cerca del centro de la costa este, sobre el mar de Irlanda, en la desembocadura del río Liffey y en el corazón del condado de Dublín. Recuerdo que el primer pantallazo que tuvimos de la ciudad fue de la mano de una de mis profesoras de inglés, Libby, quien, entre risas, nos contaba que los irlandeses, para alegrarse un poco la vida al convivir con un clima tan gris y deprimente, pintaban las puertas y muchas veces las fachadas de casas y comercios con colores vibrantes, generando una sensación de calidez envolvente. Dublín es una ciudad grande, pero no apabulla; más bien invita a recorrerla, y la amabilidad de su gente es parte del paisaje.


Río Liffey, Dublín
Río Liffey, Dublín

Un buen lugar para comenzar el recorrido de esta hermosa ciudad irlandesa es el Trinity College, la universidad más prestigiosa y antigua de Irlanda, que vale la pena conocer no solo por su impresionante arquitectura, sino también por sus jardines, ideales para caminar, y, en especial, por su biblioteca, donde se exhiben obras importantísimas y cuya belleza es única.

Frente a la entrada de la universidad, muy cerca de la famosa calle comercial “Grafton Street”, se encuentra la estatua de Molly Malone, mujer que protagoniza una leyenda de las tantas que hay en esta ciudad, y es emblema de la misma:

En la bella ciudad de Dublín,

donde las chicas son tan bonitas,

Primero puse mis ojos en la dulce Molly Malone,

Mientras giraba su carretilla,

A través de calles anchas y estrechas

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!»

«Vivo, vivo, oh,Vivo, vivo, oh »,

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!»

Ella era una pescadera,

Y seguro que no era de extrañar,

Porque también lo estaban su padre y su madre,

Y cada uno hizo girar su carretilla,

A través de calles anchas y estrechas

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!»

«Vivo, vivo, oh,Vivo, vivo, oh »,

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!»

Ella murió de fiebre,

Y nadie podría salvarla,

Y ese fue el final de la dulce Molly Malone.

Ahora su fantasma rueda su carretilla,

A través de calles anchas y estrechas

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!»

«Vivo, vivo, oh,Vivo, vivo, oh »,

Llorando, «Berberechos y mejillones, vivos, vivos, ¡oh!».

Dublín, como toda Irlanda, es muy verde. Desde la “Grafton Street”, en sentido contrario al curso del río Liffey, se encuentra el parque urbano St. Stephen's Green, un pulmón en medio de la ciudad. Al otro lado del río, está el “Phoenix Park”. Siendo el parque más grande de Europa, es desde hace ya unos años el lugar de residencia del presidente de Irlanda (la casa está cerrada al público aunque se puede admirar su fachada si se pasea por el parque). Además, ofrece atracciones como el zoológico, fundado en 1830, la cruz papal, erigida para la visita del papa Juan Pablo II en septiembre de 1979, y el Monumento a Wellington, construido en el año 1747. Algo lindo que tiene la ciudad de Dublín es su espíritu. No puedo decir que la conocí a fondo, pero sí que me dejó la sensación de que volvería mil veces. Sus calles, siempre envueltas con la música de los más talentosos artistas callejeros, hacen su recorrido inolvidable. Además, el río que recorre la ciudad y puede cruzarse a través de famosos puentes como el “Puente Samuel Beckett”, desemboca en la pintoresca Bahía de Dublín, donde se encuentra el conocido puerto desde donde, a lo lejos, se podría visualizar Gales. Volvería a Dublín mil veces. Toda la costa que bordea el condado de Dublín con sus amplias playas de aguas tranquilas y su ambiente gris que encaja perfectamente con el espíritu antiguo y la mística medieval que son propios del país. Hoy en día, el condado de Dublín está a su vez subdividido en condados administrativos más pequeños, por lo que cuando visité las playas de Portmarnock y Howth, muy cerca del famoso Castillo de Malahide, en Malahide, estaba, en realidad, caminando en el condado de Fingal.


Castillo de Malahide, Malahide
Castillo de Malahide, Malahide
Playa de Portmarnock, Portmarnock
Playa de Portmarnock, Portmarnock

Al sur de este último condado está el condado de Wicklow, donde puede visitarse el emblemático atractivo turístico conocido como “Powerscourt Estate, House & Gardens” en la localidad de Enniskerry. Los jardines de esta mansión, que data del siglo XVIII, perfectamente cuidados, son considerados como unos de los más importantes de toda Irlanda. Están el jardín italiano, los jardines japoneses, el lago del tritón, el cementerio de mascotas, la fuente del delfín y los jardines amurallados. Es un recorrido impresionante que comienza de a poco a adentrarte en el espíritu medieval que es tan característico de este país europeo. Vale la pena tomarse el tiempo para explorar dichos jardines y disfrutar de la vista y el perfume de cientos de variedades de plantas, flores y árboles, que rodean la casa Powerscourt, el Golf Club y el glamoroso café.


Powerscourt House, Powerscourt
Powerscourt House, Powerscourt
Puntos que visité
Puntos que visité

Mi viaje siguió en Galway, la ciudad que es la capital del condado que lleva el mismo nombre. Atravesada por el río Corrib, Galway se encuentra en la costa oeste de la isla en el rincón noroccidental de la bahía del mismo nombre. Se puede decir que lo fascinante de esta ciudad, fundada por celtas, es que te transporta directo a la Edad Media. Galway parece haber crecido respetando esta identidad que la hace única y que también es muy característica de todo el país.

Alrededor del siglo XIII, los normandos invadieron el asentamiento celta y eso llevó a que unas pocas familias monopolizaran el pujante comercio que comenzaba a existir con otras coronas, como por ejemplo la española. Partiendo de la emblemática “Eyre Square” en el centro de la ciudad, cerca de la famosa calle Shop Street, caminamos el lugar con una guía turística local de la que aprendí que cada piedra y cada adoquín están cargados de historias y leyendas. Por algún motivo, la que más recuerdo, fue la que nos contó al conocer la iglesia más grande de toda Irlanda de estilo medieval “St. Nicholas Collegiate Church”, fundada por una de las familias que nombré antes, la familia Lynch, y dice algo así: John Lynch era el alcalde de Galway, un hombre justo e implacable y para establecer relaciones con España, un representante de dicha corona viajó hasta Irlanda. Después de enseñarle alguno de los maravillosos paisajes irlandeses, John encargó a su hijo William que fuera a divertirse a alguno de los bares de Galway. William presentó a su prometida a este español, que inmediatamente se encaprichó con la chica. El español consiguió seducir a la novia de William y cuando William lo descubre, no se pudo contener y asesinó a los amantes. John no sabía qué hacer con su propio hijo, teniendo en mente que la condena por asesinato de un noble era la horca. Además, se jugaban las relaciones con España. Finalmente, a John le ganó su honor y juzgó a su propio hijo sentenciándolo a la pena de muerte. La leyenda dice que de ahí viene la palabra linchar. Detrás de la iglesia está el “Lynch Memorial Window”, que conmemora este suceso. Al final de la calle “Shop Street” se encuentra el pequeño castillo medieval de la familia Lynch, otro lugar que fue escenario de una divertida historia que forma parte de esta ciudad y que llevó a que en su honor se erigiera una pequeña estatua que la conmemora: un mono y el bebé que este salvó durante un incendio en el castillo. Galway es eso: historias divertidas y únicas que lo identifican y lo vuelven distinto e incomparable a cualquier lugar del mundo.


“Lynch Memorial Window” , Galway
“Lynch Memorial Window” , Galway
Galway
Galway

Yéndonos más al sur, en el condado de Limerick, está el conocido pueblo de Adare, considerado Patrimonio de Interés de Irlanda. Adare está situado en el suroeste y es considerado como el pueblo más bonito y pintoresco del país, con un entorno medieval de película. La calle principal se caracteriza por sus hermosos edificios de piedra, monasterios medievales y ruinas, y las casas de campo originales, simpáticas, con techos de paja y fachadas de colores, que decoran las demás calles y en donde, hoy en día, pueden encontrarse los restaurantes locales, pubs, tiendas de arte y artesanías. Luego fuimos al condado de Kerry donde conocí la maravillosa localidad de Dingle, lugar en el que me hospedé dos noches en un hostel-pub muy pintoresco. En nuestra vuelta, frenamos en Killarney, una de las ciudades más turísticas del país. En cuanto a Dingle, localidad que da directo al Atlántico Norte, diría que su espíritu pesquero, descontracturado y sus pubs que todas las noches se llenan de artistas que tocan música tradicional mientras que toman cerveza y bailan las danzas típicas irlandesas, hacen de este un lugar único. Muchos turistas llegan al pueblo para conocer a Fungie, un delfín que llegó a la bahía de Dingle en 1983 y decidió hacerla su hogar. Dingle, rodeado del océano, de las colinas de miles de tonos verdes, con sus casitas de colores y acantilados que bordean sus playas, es un lugar único en el mundo.



Al llegar a Killarney, frente al emblemático Parque Nacional, pudimos alquilar bicicletas y así recorrerlo de una manera única. Este parque es casa de los puntos turísticos más representativos de la ciudad, como la Abadía de Muckross, fundada en el siglo XV como monasterio franciscano y que tiene en su parque interno un tejo del que se dice que es el árbol más antiguo de Europa. También en el parque podrás ver la cascada de Torc y las montañas más altas de toda Irlanda. El Parque Nacional está atravesado por tres lagos enormes que se unen en el Meeting of the Waters, un lugar imponente. Lo bonito de recorrerlo en bicicleta es que vas a tu ritmo y parando en los puntos clave que te llevan directamente a la Irlanda medieval que todo turista desea conocer.


Abadía de Muckross, Parque Nacional de Killarney
Abadía de Muckross, Parque Nacional de Killarney

Y por último, antes de regresar a Dublín, llegamos al condado de Kilkenny, específicamente a la ciudad de Kilkenny, lugar que amé conocer. Situada a orillas del río Nore, esta ciudad, también de espíritu medieval, ofrece una variedad de opciones tanto para los amantes de la historia, que pueden visitar, por ejemplo, el Castillo de Kilkenny, como también para aquellos que adoran conocer las ciudades caminando, ya que sus bellos parques y los comercios con fachadas de piedra son como una pintura. Mi grupo y yo comimos en una plaza que daba al río que cruza la ciudad; sin embargo, recuerdo que las opciones de restaurantes, sobre todo famosos pubs y tabernas típicas del país, eran variadas.


Castillo de Kilkenny, Kilkenny
Castillo de Kilkenny, Kilkenny

Río Nore, Kilkenny
Río Nore, Kilkenny

Sin dudas el pantallazo que tuve de este país fue suficiente para enamorarme del lugar, y sé que me quedaron muchísimos lugares por recorrer, pero prometo que si alquilan un auto y recorren sus rutas no van a arrepentirse de haber visitado este país único en espíritu e historia. Manejando entre paisajes de miles de tonos verdes, Irlanda es mágica y una pintura constante. Además, en el camino siempre habrá una ruina, un castillo, una abadía o una iglesia medieval, que te volará la cabeza. Quiero ir y perderme en Irlanda, el país de los acantilados y las leyendas medievales.

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