OPPENHEIMER, el padre de la bomba atómica
- Valentina Montalvo

- 5 ago 2023
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb 2024
"Los científicos son imperfectos, pero las ciencias son muy nobles y muy emocionantes."

Habiendo compartido un poco de la historia de Okinawa, me entusiasma viajar a través de Oppenheimer, película biográfica dirigida por Christopher Nolan, nada más ni nada menos, que a la emblemática Hiroshima, lugar donde se lanzó la segunda bomba atómica (primera en Japón), ideada y fabricada por el Proyecto Manhattan, escenario principal de la película.
La batalla de Okinawa fue una, si no la más, sangrienta de las batallas anfibias de la Segunda Guerra Mundial. Si bien Estados Unidos “venció” a los japoneses en las islas Ryūkyū, al presidente Harry Truman le quedó bastante claro que avanzar sobre la isla grande (de Japón) (lo cual había sido el objetivo inicial de atacar Okinawa: desviar la atención y recursos del Ejército japonés, debilitándolo, para luego atacar con más fuerza a la isla grande) le significaría muchísimas vidas de soldados estadounidenses (así como tiempo y recursos), que podrían evitarse si ordenaba lanzar lo que luego conoceríamos como las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, momento histórico bisagra que daría fin a la Segunda Guerra Mundial y comienzo a la era atómica.
Situándonos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el mundo comenzaba a ser testigo del grupo de físicos y científicos más revolucionarios de toda la historia, quienes marcarían con sus teorías e investigaciones el inicio de la física moderna.
El descubrimiento del neutrón en el núcleo atómico, trajo consigo la posibilidad de pensar al átomo como una partícula divisible. Se descubrió que la carga neutral del neutrón permite jugar con la cantidad de estos dentro del núcleo de un átomo, debido a que no presentan resistencia al momento de “inyectarse” por una fuerza externa en este, principal diferencia respecto a la cantidad de protones “permitidos” en el núcleo atómico (que tienen carga positiva y existen en un número fijo en cada átomo).
Tras haber recorrido toda la tabla periódica, probando con neutrones y los diferentes elementos, fue el uranio quien presentó una reacción reveladora: el origen de lo que sería el descubrimiento de la fisión nuclear, fuente de energía con potencial devastador, premisa que se hizo evidente con el posterior descubrimiento de la fisión en cadena, y, con ello, la posibilidad de utilizar este hallazgo para fabricar lo que sería el arma más letal que jamás vio la humanidad.
Pensemos que el uranio que se halla en la naturaleza está conformado por miles de millones de átomos que presentan diferencia en la cantidad de neutrones que tienen en sus núcleos. Entonces, existe un 99% de “tipos de átomos de uranio” que presentan “x” neutrones, y no aportan al material las características necesarias para fabricar una bomba, pero hay un 1%, el uranio 235, que sí se fisiona y sirve para ese objetivo. Es sólo este pequeño porcentaje de 235 en el uranio natural, el que puede generar una reacción interesante y servir como fuente de energía (para lo cual se requiere enriquecer el uranio natural, porque, de otra forma, solo se obtendría energía de ese 1%, lo que no aportaría valores significativos; es por eso que se necesitan toneladas de uranio para fabricar una bomba: todo lo que no es uranio 235 se filtra, y, como resultado, se obtiene uranio enriquecido al 80% con 235).
Resumiendo, el átomo de uranio se fisiona cuando lo impacta un neutrón y, por ley de Conservación de la Energía, los átomos resultantes poseen, en conjunto, la misma energía que el átomo inicial. A su vez, de la reacción, se emiten varios neutrones que viajan y pueden impactar en otros átomos de uranio, lo que desarrolla una reacción en cadena infinita y de crecimiento exponencial (fisión en cadena). A grandes rasgos, esto es la bomba atómica. El impacto de los neutrones es deseable que sea lento, para que así el núcleo atómico tenga mayor tiempo de captar el neutrón y devolver mayores niveles de fisión. Para esto, el medio óptimo para frenar los neutrones tiene que ser ligero. Se pensaba, durante el desarrollo de la bomba atómica, que sería o bien el hidrógeno (agua pesada) o el carbono (grafito). Más tarde, se descubrió que la opción correcta era el grafito, hecho que dio ventaja a los Aliados frente a las potencias del Eje, que habían concentrado toda su investigación y recursos en torno al agua pesada.
Sin embargo, existe un camino alternativo para la fabricación de la bomba: el plutonio. Este es un elemento químico que se descubrió al hacer reaccionar el uranio, y el cual presenta todas las características necesarias para fabricar una bomba (incluso mejores, debido a que es más fisionable que el uranio). Sin embargo, no existe en la naturaleza, por lo que, en ese momento de la historia, la cuestión se redujo a: ¿enriquecer o producir?
El primer camino llevaría a concretar lo que hoy conocemos como “Little Boy”, la bomba que fue finalmente arrojada en Hiroshima, y, el segundo condujo a “Fat Man”, la que hicieron explotar días después en Nagasaki.
El Proyecto Manhattan existió, en resumen, para desarrollar y llevar a la práctica estas dos teorías. Fue Oppenheimer quien lideró Los Álamos, el laboratorio y centro de ensamblaje de la bomba, el cual se proveyó de los otros centros que se encargaron, por un lado, del enriquecimiento del uranio y, por el otro, de la producción de plutonio. Entiendo que debían contar con ambas opciones de forma paralela, porque el tiempo era el recurso más escaso en esta guerra y la amenaza nazi prometía perseguir los mismos objetivos. La fecha límite para la fabricación de la bomba era el año 1945.
Nunca sabremos qué hubiera sucedido si Hitler hubiese sido el primero en lograr fabricar la bomba atómica, pero supongo, que al igual que para Oppenheimer (y todos los científicos involucrados en el Proyecto Manhattan), la ciencia hubiese sido también la que finalmente habría tenido que lavarse la sangre de sus manos, y no los políticos y sus ambiciones de poder, mucho más letales que la mismísima bomba atómica.
Podríamos decir que el papel protagónico en Oppenheimer está compartido entre el físico homónimo, Julius Robert Oppenheimer, y su mayor pasión, la física. El nivel de tecnicismo, exactitud y claridad en la materia con el que se desarrolla la trama, podría presentarse, en momentos, como un leve obstáculo para seguir el desarrollo de los diálogos. La película es larga y compleja. El juego entre las escenas en blanco y negro, para representar momentos de la historia que ocurrieron de manera fiel y objetiva, y las escenas a color, para representar momentos históricos debatibles, pueden llevar a más de una interpretación y conclusión del porqué del uso de este recurso por parte del director.
Cillian Murphy, interpretando a J. R. Oppenheimer, se destaca. El compromiso por transmitir la complejidad de este personaje es notoria y atrapa al espectador de una manera fascinante. Su ambición, su ambigüedad, estoicismo y encrucijada moral, se expresan a través de su mirada y quien lo ve, empatiza.
Oppenheimer es, sin dudas, un personaje fascinante. En la película se nos presenta como un estudiante prodigioso, autodidacta, brillante por su mente analítica y visionaria, pero nostálgico, ansioso, obsesivo, poco hábil al momento de relacionarse con sus pares y de llevar a la física al terreno práctico en los laboratorios. De a poco, comienza a ganar renombre y con ello su personalidad florece. Gana prestigio, seguridad, se convierte en un líder en su área. Todos quieren tener una vacante en sus clases, él hace parte a sus alumnos, se nutre de ellos, intercambia teorías y discute de física, política y asuntos sociales. Se vuelve arrogante y mujeriego, pero su amor por la física nunca para de crecer.
La película se desarrolla en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, donde el mundo, atravesado por intereses políticos, antisemitismo y un creciente marcantismo, era una bomba de tiempo y parecía funcionar como una versión de “Elige tu propia aventura”, que dependía del lector más fuerte para definir su desenlance.
Oppenheimer, judío, un letrado absoluto, que simpatizaba con ciertas premisas comunistas y con amigos afiliados al partido (lo que lo haría víctima de una audiencia fraudulenta donde se lo acusaría, años después, de tener afinidad con el comunismo), es reclutado para dirigir el Proyecto Manhattan, proyecto que, como mencioné antes, se encargó de desarrollar las primeras bombas atómicas de la historia, y que finalizó con la Prueba Trinity, donde tres bombas fueron arrojadas con diferencia de días (una en Estados Unidos, cerca de Los Álamos, y las otras dos en Japón -en Hiroshima y Nagasaki-), desatando la era atómica y, con ello, la Guerra Fría, décadas de suspenso y temor al posible holocausto nuclear que se asoma(ba) en el horizonte.
No me alcanzaría la vida para profundizar en todos los grandes físicos y científicos que aparecen en la película y forman parte de este proyecto: Lawrence, Bohr, Teller, Rabi, Bethe, Fermi, entre otros, y, a su manera, el mismísimo Albert Einstein, que era un declarado pacifista, y fue el primero en advertir a la Casa Blanca el desastre que podría significar el descubrimiento de la fisión en cadena para el futuro de la humanidad, pero que, de todas formas, supo reconocer que una bomba atómica era algo inevitable, y que en manos de la Alemania nazi transformaría al mundo en uno mucho más oscuro del que vendría luego de que los Aliados la arrojaran. Nolan se encarga de engrandecer y rendir homenaje a este personaje reconocido, querido y declarado como el físico más importante del siglo XX.
La película es mucho más que la vida de un físico brillante. Muestra claramente lo sucia que es la política y como lo que en un momento te hizo grande, puede convertirse en tu peor pesadilla y destruirte con la misma intensidad un segundo después. Me hizo acordar al caso de Alan Turing, en El Código Enigma, y como todo un país le dio la espalda una vez que había cumplido su función. Títeres de un sistema perverso. Un hombre que trabajó en las mejores universidades, en los centros de investigación y laboratorios más destacados, que cambió la teoría de la física abriendo un nuevo mundo de posibilidades infinitas, fue hundido y humillado con la misma fuerza y sencillez con la que succionaron todo su potencial, creyendo haber formado parte de un proyecto que en realidad tenía intenciones mucho más oscuras que las declaradas públicamente. Se muestra muy claro, una vez que su función se había concretado, como el aparente control que tenían los físicos reclutados sobre su creación, pasa de forma inmediata a manos de los políticos, y como Oppenheimer se da cuenta que había creado un aparato destructor de mundos, una bomba que en manos equivocadas podría acabar con la humanidad, y como el objetivo inicial, lanzarla sobre la Alemania nazi, se volvía solo un recuerdo del pasado.
A pesar de que Alemania ya se había rendido, H. Truman decide lanzar las bombas atómicas sobre Japón, para adelantar así (la que de todas formas era inevitable) rendición del país asiático, y engrandecer, al mismo tiempo, el éxito del único gran ganador de la guerra, Estados Unidos. La escena en la película donde altos cargos del ejército, representantes de la Casa Blanca, y Oppenheimer, en representación de los científicos, se reúnen para decidir el destino de las bombas, es realmente escalofriante. La frialdad con la que eligen los epicentros, la conciencia de que lo harían sobre la población civil, y como las miles de vidas que se cargarían con ello, eran solo un número, realmente saca a la luz lo peor de nuestra especie.
Es una historia oscura porque resalta un momento oscuro de nuestra historia. Oppenheimer posiblemente haya muerto con la sensación de cargarse miles de vidas sobre sus hombros y responsabilizándose por la fabricación de esta bomba, entendiendo que no es más que el punto de partida para el desarrollo de armas mucho más letales, que en manos de la gente equivocada, puede causar desastres sin retorno. Oppenheimer dedicó sus últimos años, en la posguerra, a difundir y concientizar sobre el peligro de una guerra nuclear y la necesidad de un control institucional sobre el uso de este tipo de armas.
“Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, quizá sea su frase más célebre, y llamarlo el “padre de la bomba atómica” no hace más que, en mi opinión, desplazar el foco de lo que realmente es importante: es la culpa del científico su ciencia?








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