Okinawa, el horror de la guerra y la fuerza de un pueblo
- Valentina Montalvo

- 20 ago 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb 2024
A pesar de que mi objetivo en esta entrada es hablar a grandes rasgos sobre lo que fue la invasión norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial en la isla de Okinawa, creo oportuno primero contar un poco sobre este lugar.
La prefectura de Okinawa, que comprende alrededor de ciento sesenta pequeñas islas ubicadas entre el Mar de China Oriental y el océano Pacífico, es parte de la región japonesa Kyūshū. Lo interesante de esta prefectura es que, además de tener condiciones geográficas completamente distintas a las que podemos ver en la isla principal, su historia difiere de la del gran Japón, porque la misma antiguamente era parte de un reino independiente llamado el reino Ryūkyū.
La mayor parte del territorio, y de la población, se concentra en la isla de Okinawa (que es la mayor de las islas Ryūkyū de Japón, donde se sitúa la ciudad de Naha, capital de la prefectura de Okinawa), que es donde yo me hospedé, y fue escenario de la batalla más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial.
Creo haber podido entender bastante el espíritu del okinawense, lo que me llevó a comprender porqué son la población más longeva del mundo. No cabe duda que comparten las características de los japoneses de la isla grande: trabajadores, respetuosos, disciplinados y empáticos. Pero el okinawense tiene algo más, quizá sea el ambiente paradisíaco que los rodea y el clima cálido característico del lugar lo que los hace un poco más descontracturados y sonrientes, o tal vez solo sea una consecuencia del hecho de que construyeron su historia de manera paralela a la de la isla principal. Como mencioné, las islas que ahora componen la prefectura de Okinawa no siempre fueron parte de Japón, sino una nación independiente que mantenía vínculos comerciales con China, Japón, Taiwán y Filipinas debido a su cercanía geográfica, lo que la llevó también a tener una influencia clara del otro gigante asiático, como puede apreciarse en varias construcciones antiguas como templos o castillos donde los colores y materiales utilizados en su construcción son más bien típicos de China. No fue hasta 1879 que el reino de Ryukyu fue convertido en la actual prefectura.
Okinawa fue víctima durante la Segunda Guerra Mundial de la brutal invasión estadounidense que sólo buscaba el dominio de la isla por su estratégica ubicación y como medio para debilitar al ejército japonés antes de alcanzar su objetivo final: la isla grande, donde se arrojaron, más adelante, en Hiroshima y Nagasaki, las dos famosas bombas atómicas que darían fin a la guerra.
Lo brutal de esta invasión fue que no solo los combatientes japoneses fueron víctimas del ejército norteamericano (y viceversa), sino que estos últimos también avanzaron sobre la población civil sin piedad.
Un dato interesante es que tras la derrota japonesa, la isla de Okinawa fue ocupada por las fuerzas estadounidenses comenzando así un período que marcaría un antes y después en la cultura de este país que de a poco comenzaría a “occidentalizarse”, lo cual es muy visible en la actual Okinawa. La ocupación estadounidense en la isla japonesa duró de 1945 a 1972, aunque hoy en día siguen existiendo bases militares a las que no se les tiene acceso y generan disputas en la población civil, como por ejemplo la base aérea de Kadena.
El “Peace Memorial Park” es uno de los atractivos turísticos dedicados a esta parte de su historia y el mismo se encuentra ubicado en la ciudad Itoman sobre la colina Mabuni, en el sur de la isla de Okinawa, donde sucedió la batalla final.
El lugar es bellísimo para conocer, la vista que lo rodea es el turquesa océano Pacífico, es amplio y perfectamente pensado para atrapar la atención de aquellos que incluso creen no estar interesados en esta fascinante historia. Ofrece más de una atracción para aprender y quedar inmerso en el suceso que marcó la identidad de este pueblo japonés, que sufrió una historia no lo suficientemente reconocida pero que, sin embargo, sacudió y marcó a dicho pueblo para siempre.
Otro de los atractivos del lugar es el Museo Conmemorativo de la Paz de la Prefectura de Okinawa: no solo aprenderás lo que fue la sangrienta batalla de Okinawa leyendo en el museo la información provista y caminando por sus cuartos tematizados para adentrarte en la época, sino también a través de vídeos de testigos que relatan todos los sucesos vividos en carne propia -muchos de los cuales aún viven-, que te harán salir conmovido e inspirado por un pueblo que se levantó a pesar de todo, siempre dejando un mensaje de paz.
No muy lejos está también el Museo de la Paz Himeyuri, que en su entrada tiene como recibimiento el monumento Himeyuri para recordar a las mujeres que se sacrificaron prestando servicio de enfermeras durante la guerra. Un grupo de estudiantes y profesoras de colegios secundarios para mujeres se formaron en enfermería para asistir a la armada del Ejército Imperial Japonés durante la batalla de Okinawa en 1945, y el museo se encarga de recordar sus historias proyectando imágenes de cada una de las mujeres, antes y después de la guerra, que te generan escalofríos con solo pensar las memorias que las mismas se llevaron a la tumba. En este lugar están atesorados bienes de las mismas y también pueden verse las condiciones precarias en las que debían asistir a los caídos, por eso cuando al final del recorrido te recibe un mural en el que puede leerse “las guerras acaban con todo; con la vida de todas las personas; sin embargo nuestra historia continua; hablaremos de la verdad de la guerra, de la brutalidad, el dolor, que llevaremos siempre en nuestros cuerpos y recuerdos” lo dejan a uno con un pesar profundo y, al menos en mi caso, movilizada, sintiendo el dolor de los civiles que nada tienen que ver con los intereses de la guerra y fueron los que pagaron por la misma.


















Comentarios