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Tokio, "la capital del este"

Actualizado: 6 feb 2024

Si alguien me hubiese dicho alguna vez que conocería Japón antes de cumplir los veinte años, hubiese pensado que ni en mis mejores sueños podría suceder. Pero acá estoy, a punto de cumplirlos, y en diciembre se cumplirán dos años de dicho viaje.

Soy de Buenos Aires, Argentina, y en la declarada la cuarentena más larga del mundo uno puede darse el lujo de cuestionar si muchas de nuestras vivencias no fueron más que sueños.

Me considero curiosa de nacimiento y por eso, quizá, me gusta tanto viajar. No hay destino que no me atraiga, pero sí hay lugares que encabezan mi lista de deseos y sin dudas Japón era uno de ellos.

Antes que nada debo aclarar que fui afortunada al viajar con mi mejor amiga, nieta de japoneses, y su familia, debido a que, sin dudas, no solo me dieron la oportunidad de ir hasta allá sino que también a vivenciar el lugar como lo viven ellos.

Desde Buenos Aires no hay vuelos directos a Tokio. En mi caso particular volamos desde Buenos Aires hacia Nueva York, Estado Unidos, y de allí a Tokio ... ¡Cuánto amo el ambiente de los aeropuertos repletos de viajeros con pasaportes de todo el mundo deseosos de conocer nuevos lugares y ampliar sus horizontes con nuevos sellos!


¡Si pudiese describir lo que sentí al llegar al Aeropuerto Internacional de Narita -prefectura de Chiba-, lo haría! Esa sensación de inmensidad, de desarrollo, ¡de vivenciar el primer mundo! Porque si podemos describir a Tokio en una sola palabra esa sería, indudablemente, futurista. También es magnética, fascinante y tentacular. No sucede así con el resto de Japón, pero de eso hablaré en otras entradas.

Quiero aclarar antes de comenzar a hablar de mi viaje en sí, que la organización territorial de Japón es compleja y cuando haga referencia a Tokio estaré hablando de lo que internacionalmente se conoce como la ciudad de Tokio, el área metropolitana, aunque en verdad no es del todo correcto. (Para los más curiosos: Japón está dividido en cuarenta y siete prefecturas, y cada una de ellas se divide en ciudades, pueblos y aldeas. Además, estas prefecturas están agrupadas en ocho regiones, de las cuales Tokio se encuentra concretamente en la de Kantō. Tokio está a su vez subdividido en veintitrés barrios; veintiséis ciudades; un distrito subdividido en tres pueblos y una villa; y cuatro subprefecturas subdivididas en dos pueblos y siete villas. El centro de Tokio, con sus veintitrés barrios, que se dividen también en distritos, ocupa un tercio de la metrópoli y esta sería el área internacionalmente conocida como la ciudad de Tokio.)


Llegando a la ciudad por el famoso puente Arcoiris, nos hospedamos en un hotel en el distrito de Roppongi, en el barrio Minato, el cual recomiendo altamente no solo porque está estratégicamente ubicado, sino también porque el ambiente de dicha zona es ideal en cualquier momento del día y para cualquier tipo de personalidad: ni muy ruidoso ni muy tranquilo y, además, estás conectado mediante la maravillosa red de subtes a cualquier punto de la ciudad.


Si no planeas quedarte solamente en la ciudad de Tokio, te recomiendo -aunque prácticamente es la única forma de recorrer el país de manera “accesible”- que previamente a viajar compres el Japan Rail Pass, que es un pase que dependiendo el paquete que elijas te permitirá viajar por todo Japón en el Shinkansen -red ferroviaria de alta velocidad (más de 270 km/h)- sin perder un segundo y evitando comprar pasajes de micros a larga distancia que resultan carísimos.


Volviendo a la ciudad Tokio, lo primero que puedo decir es que sorprende con sus más de mil caras. Tokio es historia, es cultura, es oriente con muchísimo de occidente, es cosmopolita, antigua y moderna, es sus parques, sus mujeres elegantes, sus mercados de comida, sus millones de personas viviendo en espacios minúsculos, es caos y es respeto, así como también es el silencio en los transportes, y música en los karaokes. Es todo eso y más.


Y entonces, ¿qué hay que hacer en Tokio? No voy a detenerme a describir las principales atracciones turísticas de cada distrito, pero sí me gustaría compartir las sensaciones que experimenté recorriendo algunos de los distintos puntos de esta inabarcable ciudad, para quizá lograr transmitir un poco de lo que para mi fue Tokio. Empezaré por Chiyoda. Para los amantes del viejo mundo no hay dudas que disfrutarán recorriendo este barrio. Zona de imponentes edificios, sobre todo gubernamentales y Embajadas del mundo, donde puede apreciarse una arquitectura con una notable influencia europea, que te hace olvidar por instantes que estás caminando en un país asiático. Desde la Estación de Tokio, un edificio inmenso de ladrillos con influencia neerlandesa, al Museo Mitsubishi Ichigokan, de notable estilo inglés, pasando también por vertiginosos rascacielos de importantes empresas y entidades financieras que transmiten el liderazgo japonés como gigante económico a nivel mundial, a parques soñados y otros edificios como el emblemático Palacio Imperial rodeado por sus jardines con fortalezas... se piensa por un instante que Tokio es mil lugares a la vez.



No muy lejos está Ginza, en el barrio de Chūō. Lo que podemos decir de este distrito es que, al igual que el anterior, se caracteriza por su glamour y exclusividad. No lo recorrí a fondo, pero sin dudas su objetivo es comercial y también financiero. Las grandes marcas conocidas a nivel internacional tienen sus más importantes tiendas en las calles principales del distrito y, a diferencia de Chiyoda, comencé a presenciar, caminando sus calles, lo que me imaginé que sería la ciudad antes de viajar a Japón: grandes carteles brillantes con letras inaccesibles (para mi) de entender y mucha gente yendo con prisa de aquí para allá. Sin embargo, si hay algo que te sorprenderá del japonés que vive en Tokio, es su estilo y elegancia ante todo.


Al sur de Chiyoda está Roppongi, el distrito que mencioné primero, el cual se caracteriza por su variada vida nocturna. Sus clubes y bares son una excelente opción para los jóvenes que buscan un poco de diversión en esta maravillosa ciudad. Sin embargo, si eso no te interesa, no te resultará un inconveniente. Alejándote -no mucho- de la calle principal verás que también es un barrio residencial muy paquete con sus cafés y oficinas de lujo, y sus parques maravillosamente cuidados. Además, en el barrio de Minato se encuentra la Torre de Tokio, emblema turístico, que nos defraudó en el Año Nuevo 2018-2019 manteniéndose apagada.



El barrio de Shibuya, al oeste de Roppongi, tiene que ser -si ya no lo es- el más emblemático de los barrios de Tokio. Si vas de día creo que obligatoriamente tenés que volver de noche porque el espíritu del lugar cambia radicalmente. Primero voy a nombrar al famoso cruce de Shibuya que, a pesar de haberlo querido conocer con mucha ansiedad, me sucedió que no me voló la mente. Sin embargo, la cantidad de gente que corre-camina dicho cruce entre semáforos verdes es de película y te hace sentir pequeño.

Entre los numerosos parques del barrio, quizá el que más me movilizó, fue el que atravesando el Torii de cedro (arco tradicional japonés o puerta sagrada que suele encontrarse a la entrada de los santuarios sintoístas, marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado) que te recibe en su entrada, nos guió por un bosque hacia uno de los tantos santuarios de la ciudad, en este caso, el Santuario Meiji. Fue el primer santuario típico de madera que conocí estando en Japón y el presenciar lo que significa para los japoneses sus templos, santuarios, etc., te genera una sensación de foránea que no había tenido en ninguno de mis viajes anteriores. Estando allí me tocó vivenciar un típico casamiento en un santuario sintoísta y fue una experiencia que me llevó de lleno a enamorarme de lo mucho que significa para los japoneses su religiosidad y cultura.



Al norte de Chiyoda está Akihabara, un distrito del barrio Taitō, el cual fue en mi opinión la imagen común que todos nos hacemos de Japón antes de visitarlo. Este distrito se caracteriza por sus comercios de varios pisos con sus fachadas decoradas con imponentes carteles de luz led dedicados a la venta de productos electrónicos, para hogar y uso propio, como también hay edificios enteros dedicados al entretenimiento audiovisual, como el anime y videojuegos. En Japón hay una cultura impresionante del entretenimiento construida alrededor de los centros de juegos electrónicos. Si algo es seguro, es que nada pasa desapercibido en Akihabara.


No muy lejos está Ueno, también en el barrio de Taitō, un distrito que ofrece una gran variedad de opciones para los amantes del arte y la historia como yo. Casa del famoso Parque Ueno donde se encuentran el Museo Nacional de Tokio, el Museo Nacional de Ciencia de Japón, el Museo Nacional de Arte Occidental, una sala de conciertos, la capilla Tōshōgū y el Zoológico de Ueno, entre otras cosas, hacen de esta área un lugar a donde se debe ir sí o sí. A pesar de estar en el medio de la ciudad, Ueno tiene callecitas de ensueño muy tranquilas, casi barriales, que son un lujo de caminar.


Por último (en mi viaje), pegado a Ueno está Asakusa, también en el barrio Taitō, siendo este distrito posiblemente el más tradicional y cargado de emblemas de la ciudad. El Sensō-ji y el Tokyo Skytree son solo dos de los ejemplos de atractivos turísticos del lugar. Mi percepción fue que Asakusa también es centro de ocio para los residentes de la ciudad, ofreciendo centros comerciales, espacios de entretenimiento y una gran variedad de opciones gastronómicas. Estando allí se siente el espíritu de la ciudad y se la vive como si fueses del mismo Tokio.



¡Espero quieran ir a Tokio!

Arigato gozaimasu!

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